In Abuelitud, Reflexión, Salud

Hola:

Tengo un poco de ardor en el corazón, algo me molesta y creo que se trata de una decepción.

También tengo adolorida el alma, pero creo que eso sí sé a qué se debe; se me juntó en el cerebro una cantidad enorme de información, tengo décadas de enterarme de la letalidad inútil de las guerras de la humanidad y los manchones de corrupción que le acompañan.

De los ojos ni te platico, he visto miles de cosas hermosas que me han rodeado desde que tengo uso de razón, hasta hoy; e inclusive he llorado de felicidad, las lágrimas te saben dulces, pero cuando te saben amargas es de lo que no te quisiera contar.

Mi aparato digestivo está mucho mejor; me la pasaba masticando sucesos indigeribles, pero ya los mastiqué por largo tiempo, ya pude tragármelos, ya están digeridos y superados.

En cuanto a la atrofia de mis brazos y manos, es por esta pandemia que me encerró por mi conservación, me indica el doctor que en cuanto pase esto otra vez podré abrazar y acariciar a mis seres tan amados y extrañados.

Pero la buena noticia según dice mi doctor, que mi ánimo está intacto, que lo tengo a prueba de balas, ahora entiendo tantos intentos de asesinato al mismo que he sufrido y siempre yo sonriéndole a la vida, soñando…

Los medicamentos que me recetó son algo costosos pero el dinero no sirve, para el problema del corazón solo necesito un pomo completo de perdón, para el alma y cerebro solo la cantidad necesaria de Fe, para los ojos lentes con filtro de comprensión y fomentos de esperanza. Lo demás ya está resuelto.

Laura E. Kérlegan Báez
Colaboradora
kersbalegan10@live.com.mx

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