In Abuelitud, Editorial

Hola Comunidad:

Esta de la historia de Juan, narrada por su nieta Cris, @cris_simoo.

Mi abuelo nació en Alcoy en 1932. Su padre, Rafael, era profesor en su propia academia, la Academia Simó. Esto es importante porque marcó la vida de mi abuelo. Desde pequeño pudo estudiar, leer, instruirse. No se puede entender el carácter de mi abuelo sin tener esto en cuenta.

En 1936 llegó la guerra y se decretó el cierre de todas las academias privadas. Pero por suerte, mi bisabuela tenía un familiar en el comité republicano y este permitió que la Academia Simó permaneciese abierta. Mientras duró la guerra, la academia creció y fueron años muy prósperos para la familia. Pero la guerra terminó y la academia volvía a estar en peligro. Haber recibido el apoyo del comité republicano era motivo más que suficiente para que la cerrasen y, en el mejor de los casos, la familia tuviera que exiliarse.

Pero otra vez tuvieron suerte. El jefe de la Falange había sido alumno de la academia y tenía mucho respeto a mi bisabuelo, que había sido su profesor. Se encargó de que la academia siguiese abierta y de que a mi bisabuelo no le pasara nada.

Yo no lo conocí, pero estoy segura de que era una persona arrolladora. Como profesor valía oro, hasta el punto de que eso le salvó la vida. La academia seguía métodos diferentes, innovadores, y llegó a tener mucha fama. De hecho, al jubilarse mi bisabuelo,

Le pusieron su nombre a una calle de Alcoy (carrer Professor Simó Alós). Este hilo es para mi abuelo y no quiero extenderme más sobre la academia, pero es también una historia digna de contar.

He encontrado este artículo donde hablan de ella un poco más en detalle, y también una foto de la promoción de 1966 delante de la academia.

https://www.tipografialamoderna.com/la_memoria/rafael-simo-alos-1899-1978/

Y aquí es donde para mí empieza la historia de mi abuelo. Una vida muy particular que le llevó a ser una persona única.

Tras la guerra, mi bisabuelo temía que los ciudadanos tomasen medidas contra él, ya que en ningún bando estaba bien mirado. En el nacional, por haber recibido apoyo del comité republicano, y en el republicano por tener ayuda de la Falange. Así que decidió que lo mejor era aislarse. La academia estaba en la planta baja de la casa, por lo que no tenía que salir a la calle para trabajar. Se recluyó en casa procurando ser lo más discreto posible, hasta el punto de que no salía ni para ir a misa, pese a ser muy creyente.

Como es obvio, toda la familia se vio afectada por esta decisión y por eso, entre otras cosas, la vida de mi abuelo es tan extraordinaria. Mi abuelo vivió su niñez y parte de su adolescencia encerrado en su casa. No se relacionaba con gente de su edad. Tenía dos hermanos pero eran mucho más pequeños que él (mención especial para mi tía Nena, la escritora Isabel-Clara Simó).

Así que mi abuelo estaba casi siempre solo y prácticamente no tenía amigos. Podría haberse convertido en una persona retraída, reservada o resentida. Pero todo lo contrario.

Mi abuelo hizo de los libros sus mejores amigos. Antes de cumplir diez años ya leía los grandes clásicos. Leía muchas horas, muchos libros y de muchos tipos. Con la lectura pudo viajar sin salir de casa, pudo conocer el mundo estando sentado en su habitación. A mi abuelo los libros le salvaron la vida. Y gracias a esto se convirtió en la persona más culta que he conocido. Era una biblioteca andante. Le podías preguntar de cualquier tema: sabía de historia, de matemáticas, de idiomas, sabía de todo.

Siempre que he tenido alguna duda para un examen o algo que no entendía bien, de cualquier asignatura, mi abuelo ha sabido resolvérmelo. Hace un par de años, yo estaba estudiando para un examen de química que tenía al día siguiente. No entendía una cosa y en Internet no encontraba la aclaración que necesitaba, así que mandé un mensaje al grupo de la familia preguntando si alguien me podía ayudar. Era tarde por la noche, yo sabía que mi abuelo a esas horas no estaría despierto y por eso no lo llamé a él directamente.

Pues mi abuela, que esa noche estaba desvelada, vio el mensaje y despertó a mi abuelo. Me acuerdo como si fuese ayer, mi abuelo me llamó de madrugada, con voz de dormido, y con toda la paciencia del mundo me resolvió las dudas. Eso era mi abuelo. Siempre con ganas de ayudar, siempre pensando en los demás. Saqué una notaza en ese examen.

Pero volvamos a su historia. Como ya he dicho, pasó muchos años (desde los 7 hasta los 15 aproximadamente) sin salir de casa y sin hacer prácticamente nada más que leer y estudiar. Crecer de esa manera te moldea el carácter de una forma muy peculiar. Mi abuelo amaba la lectura.

La primera vez que le vi llorar fue en su cumple hace muchos años. Le regalaron tres libros que le faltaban de una colección descatalogada muy difícil de encontrar, y nada más quitar el envoltorio se puso a llorar. Ojalá todos viviésemos con esa intensidad, con esa alegría.

Me acuerdo de ir a su casa siendo muy pequeña y que me contase emocionado que se había comprado un libro nuevo y estaba deseando que llegase la hora de acostarse para empezarlo. Me acuerdo de cómo me describía que sentía un cosquilleo pensando en que iba a empezar un nuevo libro, estaba feliz de verdad. Le hacía falta muy poco para estar siempre alegre.

Fueron pasando los años y a mi abuelo le llegó la hora de ir a la universidad. Desde muy joven trabajaba en la academia de su padre, siendo profesor como él, y no podía dejar las clases. Así que decidió matricularse por libre para poder sacarse la carrera desde Alcoy.

Matricularse por libre significaba que no asistía a las clases y solo iba a la universidad para examinarse. Tardó 10 años en vez de 5 en terminar la carrera, pero lo hizo sin profesores ni compañeros, por su cuenta. Y eso tiene un mérito enorme.

Le habría gustado estudiar matemáticas pero la única carrera de ciencias que había en ese momento en Valencia (la universidad más próxima a Alcoy) era química. Así que estudió química. Aún así, mi abuelo nunca dejó de lado su amor por las matemáticas.

Podría contar mil anécdotas sobre mi abuelo y las mates, como la vez que envió a la Real Sociedad Matemática Española páginas y páginas escritas a mano de una demostración que no había visto nunca en ningún libro, pidiendo que la incluyesen.

O cuando nos enseñó a mi hermana y a mí de niñas las 20 primeras cifras del número pi, que él aprendió de pequeño y quería que continuásemos la “tradición”. Cada vez que había comida familiar, mi abuelo nos cogía a escondidas y nos pedía que le dijésemos el número pi, para ver si no se nos había olvidado. Por supuesto, mi hermana y yo llevamos en su funeral una camiseta del número pi. Mi abuelo fue el primer friki y yo estoy muy orgullosa de serlo gracias a él. Sí, me sé de memoria las 20 primeras cifras del número pi. Y bien contenta.

El pasatiempo de mi abuelo durante su jubilación han sido las matemáticas. Era su rutina, cada mañana se sentaba en su mesa, cogía una pila de folios en blanco y empezaba a hacer demostraciones, problemas… Pero todo de nivel avanzado. Lo ha hecho hasta el final, con 89 años.

Cuando era más pequeña mi abuelo me hablaba de cosas que yo aún no había dado en clase, me contaba lo bonito y “elegante” que era cierto teorema, lo “divertidas” que son las integrales… Cuando ya tuve cierto nivel de mates empezó a mandarme cartas con problemas para resolver, derivadas, preguntas de lógica… Mi abuelo se lo pasaba genial haciendo matemáticas, disfrutaba de verdad. Para él el conocimiento era el mayor tesoro y hacía cualquier cosa por almacenarlo.

En sus últimos años de vida dejó de leer novela para leer solo ensayos, porque quería aprender todo lo que pudiese. Sin conocerlo es imposible imaginarse hasta qué punto era culto. En una conversación cualquiera te podía contar una anécdota histórica de cualquier país, con las fechas exactas y con nombres y apellidos de todos los personajes históricos.

Era impresionante. Pero vuelvo a su vida, que me emociono contando estas cosas y no voy a acabar nunca el hilo.

Al acabar la carrera, mi abuelo conoció a mi abuela y se enamoró de ella. Aunque ella al principio no le correspondía, acabaron enamorándose los dos y empezaron a salir. Pero mi abuelo ya tenía una vida hecha, una vida que había planeado su padre para él y que no admitía cambios.

Mi abuelo tenía que heredar la academia y quedarse en Alcoy trabajando allí. Y no había cabida para mi abuela. Pero se querían demasiado. Así que mi abuelo se rebeló, contestó la autoridad de su padre y afortunadamente todo acabó saliendo bien. Mis abuelos han tenido durante más de 50 años un amor envidiable. Sincero, bonito, un amor de verdad. Esta foto es de sus bodas de oro en 2017.

No sé si a través de una pantalla consigo que se perciba todo lo extraordinario que era mi abuelo. Muchas veces pienso en cómo sería yo si hubiese tenido su vida, con el encierro, con el futuro decidido por su padre… Seguramente yo sería una mala persona. Estaría enfadada con la vida y con todos, seguro que no tendría un buen corazón. Y él era todo lo contrario. Mi abuelo ya era increíble de por sí, pero conociendo su pasado todavía me parece más alucinante. Mi abuelo era el tipo de persona que cuando les llevábamos algo a casa (tomates del huerto, algún bizcocho que hace mi madre, etc) guardaba un trozo para dárselo a su cuidadora. Siempre haciendo el bien, siempre procurando que todo el mundo a su alrededor estuviese lo mejor posible.

Además, mi abuelo tenía un sentido del humor único. El humor alcoyano es muy peculiar y mi abuelo lo llevaba en la sangre. Siempre tenía algún poc trellat, siempre nos gastaba bromas del arzobispo, cosas que solo sabía decir él.

Llevo desde anteayer pensando cómo acabar este hilo. Dejé de escribir porque había quedado con mis amigos y no podía seguir pegada el móvil, pero si no podría haber escrito durante horas. De mi abuelo hay tanto que contar que siento que no acabaría nunca.

Así que he decidido seleccionar algunos recuerdos, momentos que compartí con él o cosas características suyas, y los iré contando poco a poco. Esto está siendo un regalo para mí. Me hace muy feliz saber que su historia no va a quedar en el olvido. Gracias por leerme.

Una cosa muy característica de mi abuelo que no he mencionado es que era muuuuy perfeccionista y metódico, y extremadamente cuadriculado. Esto se notaba en cómo estudiaba, en cómo llevaba las cuentas de la casa (todo perfectamente ordenado), en su trabajo… pero también en cosas que para otras personas pueden parecer insignificantes. La casa de mis abuelos está llena de armarios que tienen una falsa cerradura de decoración, cada uno con su respectiva llave, también de decoración. Pues mi abuelo se recorría el pasillo parándose en cada armario, colocando todas las llaves exactamente con la misma inclinación. Y cuando alguien tocaba alguna y la cambiaba de posición, él, sin decir nada, volvía a pasar por el pasillo y repetía la operación. Hacía lo mismo con los cuadros, con la alineación de las sillas y las mesas… Con todo.

Este tipo de cosas suelen pasar desapercibidas pero quienes lo conocíamos sabemos que se ponía nervioso si todo a su alrededor no estaba perfectamente paralelo. Entrábamos a un restaurante y yo ya sabía que si las mesas no estaban bien colocadas, él disimuladamente las movería un centímetro o dos, hasta ponerlas bien. Y me encanta porque demuestra que mi abuelo cuidaba hasta el último detalle en todo lo que hacía.

Otra cualidad de mi abuelo era la previsión. Mis abuelos viajaron mucho en coche por España, y mi abuelo nos contaba que antes de hacer el viaje, se estudiaba la ruta que iba a hacer. Cómo eran las carreteras, las bifurcaciones que había, las señales… Y nos hablaba de lo emocionante que era cuando por fin hacían el viaje y él veía materializarse todo lo que previamente se había estudiado y aprendido.

He estado buscando algunas de las cartas que nos mandaba mi abuelo con datos aleatorios o recomendaciones. Mi abuelo también intercambiaba cartas con sus hermanos, antes de morir su hermana se enviaban problemas de lógica para retarse mutuamente.

No solo se esforzaba por aprender todo lo que podía. También intentaba que los demás lo hiciésemos, y os aseguro que lo consiguió. Gracias a mi abuelo he descubierto muchas cosas.

El otro día tenía una duda de física, fui a casa de mis abuelos y se lo pregunté a mi abuelo que es químico Me explicó todo y lo entendí perfecto, se lo dije y le di las gracias y aún así hoy me ha llegado esta carta a casa

Una vez mi abuelo estaba hablando con una profesora de geografía. No sé cómo llegaron a hablar de eso, pero el caso es que mi abuelo descubrió que ella no se sabía las islas de Nueva Zelanda en lengua maorí. Años más tarde, nos lo contó muy sorprendido, como si todo el mundo debiera saberlo, como si lo raro fuese no tener ni idea (yo ni siquiera me sé todas las islas de Nueva Zelanda en castellano/inglés, en maorí ni pensarlo). Por supuesto él se sabía todas y le parecía impensable que una profesora de geografía no las conociera.

Para mi abuelo un día muy importante era el 14 de julio. Incluso un par de años me llamó por teléfono para explicarme algunos datos sobre la revolución francesa, para hablarme de la libertad y para recordarme que cantara la Marseillaise. Le encantaba.

He hablado mucho de mi abuelo y las matemáticas, pero también le encantaba la historia. Lo del 14 de julio es una muestra de ello. Mi abuelo tenía la capacidad de explicarte un siglo de historia en media hora y hacer que entendieses todo a la perfección. Con paciencia, con claridad, repitiendo todo las veces que hiciesen falta.

Otra cosa de la que disfrutaba mucho era la comida, sobre todo el queso y el chocolate. De hecho, estas últimas semanas, en casa hemos estado comiendo los últimos trozos de queso y las últimas tabletas de chocolate que le quedaban. De pequeña mi queso favorito era el “queso piedra”, un queso tan curado que para partirlo mi abuelo tenía que clavar un cuchillo y darle golpes. Cuando íbamos a comer a su casa y me decía que había comprado queso piedra me ponía muy feliz.

Cuando mis abuelos viajaron a París, fueron a un restaurante y pidieron una cata de quesos. Pues mi abuelo, en vez de comer un trozo de cada como se suele hacer, se acabó toda la tabla. El camarero le felicitó diciendo que era la primera vez que alguien se terminaba todo.

Me acabo de acordar de este vídeo que le hicieron mis abuelos a mi tía que es médico durante la cuarentena. En el tweet de abajo está escrito lo que le dicen, son puro amor.

Con la amable aprobación de la autora, Cris @cris_simoo.

#Saludos #Entrecanos,

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