Aprendizaje colaborativo, o … ¡Háganse bolas!

No todo lo moderno es viable, ni siempre, ni para todos.
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Entiendo que el mundo está en cambios permanentes sobre la manera de hacer las cosas, los Co-Working, Co-Housing, Co-Living, etc., y que se espera de todos nosotros cooperemos por el bien y el crecimiento de los grupos a los que pertenecemos.

Pero para sorpresa de los jóvenes, no es algo nuevo; no es una creación de las nuevas generaciones, lo que han hecho como con muchas otras cosas es re-bautizar lo que ya existía.
Clúster – Oficina
Estaciones de trabajo – Co-Working
Presentación – Pitch

Y así podría seguir con otros muchos conceptos que la juventud ha “descubierto” y hecho propios sin serlo, ya que existen desde el inicio de los tiempos.

Pero ahora me detengo en hablar sobre lo que han dado en llamar el Aprendizaje Colaborativo, y que en mi opinión no es más que decir ¡Háganse bolas..!, es decir, encuentren por ustedes mismos la solución, y en el camino aprenderán.

Recientemente he tomado algunos cursos que llevan implícito el estudio colaborativo, es decir, que la institución convocante establece que:
Las sesiones son en su plataforma, en sus horarios, a su ritmo, con su plan de estudio, (término que nunca estuvo mejor utilizado por las razones que expongo a continuación), y con las herramientas de interconexión visual y/o personal entre participantes a las que indefectiblemente debemos sumarnos.
Todo está muy bien salvo que es completamente ajeno al principio de que alguien enseña = Maestro, y otros aprendemos = alumnos. Nunca más…


Los maestros tal y como los conocimos, son parte de la historia. Ahora existen facilitadores quienes te explican los parámetros de su propuesta en cuanto a Fechas, horarios, duración, enlaces de acceso, integración de equipos de trabajo, y muy especialmente de los enlaces en los que debes:
Unirte a los equipos por ellos conformados.
Atender a que definan a un coordinador que surge del mismo equipo que está aprendiendo.
Resolver las preguntas y ejercicios que han creado, solo entre los participantes de cada equipo colaborativo sin importar que también están para aprender, no enseñar.
Acudir a tutoriales en los que, de acuerdo con ellos, responden a todas las preguntas que los participantes puedan tener y que en un acto de fe, ninguna carezca de respuesta. Todo está ahí, o debería estarlo.
Es toda una aventura encontrarse con personas igualmente impreparadas, como uno y con muchas ganas por aprender, pero sin nadie que te diga por dónde empezar salvo recurrir a los enlaces en los que encuentras ejercicios a resolver, y tutoriales en video de los que se afirma aclaran todas las dudas. Nada más alejado a la realidad.


Empiezan los ires y venires sobre lo que debemos hacer y la forma en que como equipo lo abordaremos. Revisamos los enlaces con ejercicios a resolver y se escuchan un cúmulo de opiniones acerca de lo que cada uno entiende de lo que se trata, y las propuestas de enfoque para resolverlos.

Avanza el reloj y, dando tumbos, entre todos aportamos para llegar a la solución que se nos pide, y antes de terminarlos, nos convocan a regresar a una sala común en la que se nos hace saber que “visitaron cada grupo y nos notaron muy entusiastas”, que no necesitamos compartir las respuestas ya que no hay una evaluación numérica de los aciertos.

A todos nos apagaron el micrófono desde la primera sesión, con lo que nuestros comentarios y observaciones solo pueden escribirse en el chat esperando que alguno de los facilitadores los lea. Pero solo seleccionan unos pocos y, curiosamente, son en los que se lee que todo está bien y que no nos falta nada. Recuerden que si necesitamos resolver algún tema, debemos seguir ese enlace mágico que contiene todas las respuestas de la vida.

No puedo decir que no aprendí algo que ignoraba, pero sí puedo afirmar que no fue gracias a la institución que propone estas sesiones, sino a las personas que me acompañaron en esa sesión, o como titulo esta nota, ¡Háganse bolas..!

En unos días cumpliré 70 años y me tocó estudiar cuando los maestros te “daban la clase”, es decir, que enseñaban paso a paso las distintas materias de acuerdo con el grado que cursaba, aclaraban nuestras dudas y corregían los errores casi en el momento mismo de cometerlos. Esa forma de enseñar tuvo fallas o áreas de mejora, era perfectible como todo, pero me parece que era mucho mejor que lo que se practica ahora.

La enseñanza actualmente se ha ido al otro extremo, ¡Háganse bolas..!, o aprendan lo que puedan aunque esté mal .

Necesitamos redefinir las cosas y encontrarles un punto medio en el que se sume los mejor de todos los modelos de enseñanza disponibles. Hay que redefinir que la educación se da en casa, y que la enseñanza es responsabilidad de la escuela. No puede ser al revés.

De ahí que en México desde el nombre de la autoridad reguladora esté errado: Secretaría de Educación Pública, debiendo ser en todo caso Secretaría de Enseñanza Pública.

Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre… Creo que seguimos necesitando la conducción de un Maestro, no un facilitador, que nos enseñe las bases de los distintos temas y aclare de viva voz y con ejemplos las dudas e inquietudes que los alumnos puedan tener, para luego pasar a los ejercicios a resolver pero con una base de conocimiento.

La retroalimentación de información a los estudiantes es fundamental para identificar áreas de oportunidad, corrección y crecimiento, y esta debe estar en manos de un maestro calificado.

Estoy convencido que aprobar a los estudiantes sin tener los conocimientos básicos, es una aberración que padeceremos cuando ellos sean adultos y carezcan de preparación, formación e información.

Coincido en que los maestros tengan la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos, siendo indispensable que también ejerzan la autoridad para corregir faltas y contener situaciones indeseables. Hoy a los maestros les otorgan la responsabilidad de enseñar, pero carecen de autoridad en total desventaja con los estudiantes de cualquier edad, y alta vulnerabilidad a su persona, conocimientos, y trayectoria.

Por otra parte es inaceptable que se otorgue por decreto una calificación aprobatoria a los alumnos, independientemente de que hayan o no aprendido; solo imaginen los “profesionales” que ocuparán cargos de decisión. ¿Les darán la responsabilidad de construir su casa?, ¿Acudirán a un médico mediocre?, estoy convencido que no, entonces exijamos que se ganen su calificación y que no sea un regalo con tal de no tener reprobados o remisos.

El mundo cambia y nosotros también, pero hay que hacerlo manteniendo el objetivo de crecer, ya sea con los métodos tradicionales o el trabajo colaborativo, pero siempre en apego a los resultados individuales de cada persona.

De no ser así, ¡Háganse bolas..!

#Saludos #Entrecanos,

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